Haciéndome responsable de mi parte

Por más que pienso y analizo las cosas, no he logrado comprender por qué pasó todo. No entiendo cómo sucedió, ni cómo terminé viviendo esta realidad que jamás imaginé para mí. No logro encontrar una explicación que haga sentido de tantos años de mentiras ni de la forma en que todo terminó.

Así que estoy intentando hacer algo diferente.

En lugar de seguir buscando respuestas sobre el porqué de lo que hicieron los demás, estoy tratando de hacerme responsable de mi propia parte en la historia. Y sí, es muy duro escribir esto, pero necesito hacerlo.

La realidad es que yo me quedé en un lugar donde ya no quería estar.

Durante años supe que no quería seguir en esa relación. Desde el primer día que llegué a Chicago hubo señales que me hicieron sentir que algo no estaba bien. Llegué enferma, con fiebre, en un país nuevo, lejos de todo lo que conocía, y él decidió irse de fiesta y regresar hasta el día siguiente. Pasé esa noche sola, sintiéndome terrible, sin medicamentos, sin apoyo y sin nadie que me cuidara.

Y esa no fue una experiencia aislada.

Después vinieron muchas más. Siempre había un conflicto, una diferencia profunda en valores, en prioridades, en la forma de ver la vida. Durante años quise irme, pero no lo hice. Tenía vergüenza. No sabía cómo hacerlo. Me daba pena aceptar que tal vez había cometido un error, que tendría que regresar a México y reconocer que la persona con la que había construido tantos sueños no era quien yo había imaginado.

Hoy me hago una pregunta diferente.

¿Qué fue lo que aprendí o viví que me hace quedarme en lugares donde ya no quiero estar?

¿Por qué me cuesta tanto irme cuando sé que algo ya terminó para mí?

¿Por qué aguanto?

¿Por qué tolero?

Porque si bien esa relación me destruyó de muchas maneras, también es cierto que hubo innumerables señales de alerta que decidí ignorar. Y lo más difícil de aceptar es que este patrón no se limita a esa relación. A veces sigo poniéndome en situaciones donde ya no soy feliz, donde sé que no hay más que dar, donde sé que no quiero estar, y aun así me quedo.

Incluso siento culpa por querer irme.

Culpa por querer terminar una relación, poner un límite o cerrar una etapa, aunque no sea una relación amorosa.

Y es ahí donde está el trabajo que me toca hacer.

Ya no quiero seguir preguntándome únicamente por qué alguien me mintió o me lastimó. También quiero entender qué es lo que necesito sanar para dejar de abandonarme a mí misma.

¿Cuál es el miedo?

¿Qué es lo que me detiene?

¿Por qué me cuesta tanto elegirme cuando sé que algo ya no me hace bien?

Porque quizás la pregunta más importante no es por qué pasó todo aquello.

Quizás la pregunta es qué necesito aprender para no volver a quedarme donde mi corazón ya sabe que no pertenece.

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