La Ambibalencia
Nadie te prepara para vivir en la ambivalencia.
Porque la gente quiere historias simples.
Quiere héroes y villanos.
Quiere que escojas un lado.
Quiere que decidas rápido si estás bien o estás mal, si perdonaste o no, si apoyas o no, si avanzaste o sigues atorada.
Pero la realidad rara vez funciona así.
La ambivalencia es despertar y darte cuenta de que dos emociones opuestas pueden vivir dentro de ti al mismo tiempo.
Es sentir amor y resentimiento.
Paz y coraje.
Aceptación y duelo.
Es entender algo con la mente mientras tu cuerpo todavía no termina de procesarlo.
Es poder decir: entiendo su verdad y al mismo tiempo pensar: odio cómo esa verdad llegó a mi vida.
La ambivalencia es agotadora.
Porque no solo cargas el dolor.
Cargas también la culpa de sentir cosas contradictorias.
Cargas las miradas de quienes quieren simplificarlo.
Cargas los consejos que intentan acomodar tu historia en frases bonitas.
Y a veces terminas sintiendo que tienes que escoger entre ser comprensiva o estar herida.
Pero quizá la madurez emocional nunca fue escoger.
Quizá era aprender a sostener ambas cosas.
Aceptar que puedo entender y seguir dolida.
Aceptar que puedo apoyar y sentir enojo.
Aceptar que puedo haber reconstruido mi vida y todavía tener días difíciles.
La ambivalencia no significa que estoy confundida.
Significa que sobreviví algo complejo.
Y las experiencias complejas rara vez caben en una sola emoción.