El espacio que los niños merecen
Hay algo profundamente triste en ver a un niño empezar a sentirse “demasiado” por simplemente ser niño.
Demasiado ruido.
Demasiada energía.
Demasiadas preguntas.
Demasiadas emociones.
Como si tuviera que aprender a hacerse pequeño para no incomodar a los adultos.
Y no… ningun niño viene tranquilo, silencioso y perfectamente regulado. Algunos hablan fuerte cuando se emocionan. Algunos se mueven mucho mientras comen… o la gran mayoria. Algunos hacen sonidos raros cuando juegan. Algunos tienen una energía enorme y un corazón todavía más grande.
Eso no los hace malos.
Los hace niños.
A veces los adultos olvidan que la madurez no se mide por cuánto silencio hay en una casa, sino por cuánta paciencia existe dentro de ella.
Porque un niño que siente que molesta por existir, eventualmente aprende a apagar partes de sí mismo para ser aceptado.
Y ningún niño debería crecer sintiendo que tiene que pedir perdón por ocupar espacio en el mundo.